Al revisar los datos macroeconómicos del país cualquier ciudadano costarricense sentiría un gran alivio, la inflación está prácticamente en cero, los ingresos reales de las familias crecen y los costos de construir una vivienda bajan.

Todo parece indicar que la economía de Costa Rica está quedando muy bien en la foto. Pero al salir a buscar vivienda en la GAM, esa foto se torna borrosa. Los precios se sienten más altos que nunca y el costo de vida no parece tan amigable como sugieren las estadísticas.

La paradoja está servida, mientras los indicadores macroeconómicos lucen envidiables, la experiencia diaria de los hogares es mucho más dura.

Los datos respaldan la visión optimista. Según el Banco Central de Costa Rica (BCCR), la inflación interanual medida por el IPC cerró a diciembre en -1.77% en 2023 y en 0,84% en 2024. Pese a que estos niveles están por debajo de la meta de inflación de +-3%, esto sigue siendo un hito poco común en América Latina, donde la mayoría de países luchan por mantenerla bajo control.

Al mismo tiempo, la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO 2024, INEC) muestra que el ingreso real per cápita de los hogares aumentó 3,1% en 2023 y 6,6% en 2024. Lo notable es que este crecimiento se dio de manera transversal, es decir, todos los quintiles de la población mejoraron su poder adquisitivo.

Por otro lado, el BCCR también reporta que los insumos para la construcción de vivienda han bajado de precio en casi todos los segmentos: desde la vivienda de interés social hasta la de clase alta. En teoría, este factor debería abaratar el costo de construir y, por ende, el precio final de las casas.

La foto pareciera ser clara, inflación controlada, ingresos crecientes y costos constructivos en retroceso.

¿Por qué, entonces, la sensación en la calle va en dirección opuesta?

Una primera clave está en la composición de la inflación. Aunque el promedio general se mantiene cercano a cero, no todos los componentes de la canasta básica se comportan igual. Los bienes importados, como automóviles, ropa y servicios de telecomunicaciones, han bajado de precio, favorecidos por un tipo de cambio estable desde 2023.

En cambio, los rubros de mayor peso cotidiano como los alimentos, alquileres, salud, educación y comidas fuera del hogar, sí han mostrado incrementos. Así, mientras la estadística dice calma, el carrito del supermercado y la mensualidad escolar transmiten otra sensación.

El caso de la vivienda es todavía más complejo. Los costos de construcción bajan, pero los precios que enfrenta un comprador no reflejan esa tendencia. Una explicación evidente es la falta de información, ya que Costa Rica no cuenta con un índice oficial que mida el valor comercial del metro cuadrado por zonas, lo que deja al mercado inmobiliario en una especie de caja negra. Las alternativas disponibles como las valoraciones catastrales de la Dirección General de Tributación o los datos de transacciones en el Registro Nacional, no capturan una visión agregada y de mercado.

Una de las pocas luces sobre este vacío de información la aporta el estudio “Balance y Tendencias del Sector Vivienda, Avances, Obstáculos y Desafíos” elaborado por el Colegio Federado de Ingenieros y de Arquitectos (CFIA) en conjunto con la Universidad de Costa Rica (UCR).

El informe, basado en más de 4.400 registros de lotes en venta y generado utilizando técnicas geoestadísticas (kriging), estima que entre 2021 y 2025 el valor promedio del metro cuadrado urbano en la GAM ronda los US$285.

Pero lo realmente revelador es la enorme dispersión, desde apenas US$30 hasta casi US$1.837, dependiendo de la zona. Más allá del promedio, el estudio muestra un patrón claro donde las mayores alzas durante el periodo, de más de $75 por m2, se concentran en áreas de alto valor previo como San José centro y zonas periféricas, Escazú y Curridabat, y también en focos emergentes como Tres Ríos, Montes de Oca y San Isidro de Heredia. Allí, el precio del suelo creció con fuerza entre 2021 y 2025, a pesar de la estabilidad en los costos de construcción.

¿Por qué estas zonas concentran los mayores aumentos?

Una respuesta podría estar en la movilidad. La falta de un sistema de transporte público integrado y eficiente en la GAM obliga a muchas familias y empresas a ubicarse lo más cerca posible de los corredores que sí ofrecen accesibilidad relativa. En San José, Escazú o Curridabat, la proximidad a vías principales y centros de empleo crea una fuerte presión sobre la tierra, disparando los precios. El caso del tren interurbano es ilustrativo, en el periodo 2020·2022 se observaron señales de que los lotes cercanos a las estaciones aumentaban de valor. Sin embargo, entre 2023 y 2025 ese efecto se diluyó, en parte porque el proyecto quedó suspendido, debilitando las expectativas de mejora en transporte.

Es evidente que mientras Costa Rica no modernice su sistema de movilidad urbana, el mercado de vivienda seguirá castigando a quienes buscan residir en áreas mejor conectadas, consolidando un corredor “premium” que concentra la mayor presión sobre el suelo.

La economía costarricense se ve bien en las cifras oficiales, pero esa imagen es solo un ángulo de la realidad. Como un filtro de Instagram, los indicadores embellecen la foto macroeconómica mientras ocultan grietas estructurales, mientras no se fortalezcan los sistemas de información inmobiliaria, no se diseñen políticas urbanas basadas en evidencia y no se modernice el transporte público, la economía seguirá sintiéndose como una foto de Instagram brillante en las estadísticas, pero llena de filtros.