Durante años, Costa Rica ha sido vista como una historia de éxito económico. Un país pequeño que logró atraer empresas tecnológicas, crear empleos de calidad y posicionarse como líder regional en innovación y estabilidad. Esa historia aún sigue siendo cierta, pero el contexto mundial donde competíamos con éxito ya no es el mismo y hoy esa transformación global está empujando al país hacia un punto de decisión importante.
A principios de noviembre de 2025, un dato del Banco Central pasó casi sin atención mediática: el sector de zonas francas, también conocido como Régimen Especial, creció un 22,3% interanual en el trimestre julio-setiembre. Es una cifra alta, que confirma que el modelo sigue funcionando. Pero detrás de esa buena noticia hay una realidad que empieza a inquietar a especialistas, y es que el mundo que permitió ese éxito ya no existe, y Costa Rica necesita adaptarse más rápido que antes.
Por más de veinte años, Costa Rica destacó por ofrecer diversas propuestas de valor, entre ellas, un ambiente seguro para invertir, talento preparado, estabilidad política y un ecosistema empresarial moderno. Las zonas francas aprovecharon estas fortalezas, se llenaron de empresas globales y empujaron el crecimiento de la economía. Eso sigue siendo cierto, pero otros países han aprendido la misma receta, y algunos ya compiten con costos más bajos, infraestructura más moderna o políticas industriales más agresivas. Costa Rica ya no compite sola en ese carril.
Pero el cambio se ha dado tanto por debilidades internas como por transformaciones globales:
- Estados Unidos, Europa y otras regiones están aplicando políticas más proteccionistas.
- Grandes empresas están moviendo parte de su producción a países con menores costos en regiones como Asia y Suramérica.
- La competencia por atraer inversión extranjera es mucho más intensa.
- La energía, el transporte y la mano de obra especializada son más caros en Costa Rica que en muchos países comparables.
- La infraestructura nacional no ha crecido al ritmo que exige la economía digital.
- La inversión en educación, salud, seguridad e infraestructura cómo porcentaje del PIB ha tenido mayores crecimientos en otros países.
En este escenario, tres salidas de empresas en 2025 (Intel, Qorvo y Pfizer) dejaron algo claro, que no se trata de una crisis, pero sí de una alerta. Estas compañías no se fueron por desconfianza, sino porque encontraron opciones más competitivas en otros países.
Ante estos retos, podríamos pensar que Costa Rica debería enfocarse en su mercado interno o en sectores tradicionales. Pero eso sería un error costoso. El país tiene un déficit fiscal importante pero controlado, un mercado pequeño y una economía que depende del comercio exterior.
La estabilidad y el crecimiento provienen, en buena parte, del Régimen Especial. Sin él, la economía tendría un camino más limitado, por eso la respuesta no es sustituir el modelo, sino modernizarlo.
¿Qué significa modernizar el modelo?
Implica entender que Costa Rica no debe buscar solo mejorar sus costos productivos, pero primordialmente en ofrecer alto valor. Para lograrlo, Costa Rica necesita:
1. Atraer industrias más sofisticadas
Biotecnología, ingeniería avanzada, semiconductores de nicho, ciberseguridad, automatización, servicios digitales altamente especializados, entre otros.
2. Reducir costos que hoy afectan la competitividad
Especialmente energía, logística y trámites.
3. Invertir en infraestructura moderna
Especialmente energía, logística, trámites, carreteras, puertos, conectividad y tecnología que permitan operar con rapidez y eficiencia.
4. Formar más talento especializado
Carreras STEM, inglés avanzado y educación técnica que responda a las necesidades de empresas de alto valor.
5. Integrar más empresas nacionales al ecosistema de zonas francas
Para que el desarrollo no dependa solo de multinacionales, sino también de proveedores y emprendimientos locales capaces de escalar.
Por otro lado, el Fondo Monetario Internacional proyecta que Estados Unidos, la Unión Europea y varios países latinoamericanos, los principales mercados de Costa Rica, crecerán poco en el 2026.
Eso significa menos demanda para las exportaciones costarricenses.
Cuando el mundo se desacelera, cada punto de competitividad cuenta. Y la velocidad para adaptarse se vuelve decisiva.
Costa Rica sigue siendo un destino atractivo, confiable y estable. Pero el escenario global dejó claro que ya no basta con ser “bueno”, ahora hay que ser excepcional. El país enfrenta una oportunidad histórica de reforzar su modelo productivo, atraer industrias más sofisticadas, reducir costos, invertir en tecnología y preparar talento para una nueva etapa de competencia global. Si lo hace, podrá seguir liderando. Si no, las salidas de empresas en 2025 podrían convertirse en un anticipo de algo más profundo.